05.07.2018
Por Ricardo Roa

Dos postales judiciales que son todo un cuadro

Condenado, lo apresan en Rusia: tenía permiso. En San Luis aplazan un juicio que lleva 15 años.


A continuación, dos escenas judiciales sueltas que si las juntamos son otro espejo de lo que somos entre los tantos espejos que tenemos. Avivadas que son además una burla a la ley.

Caso 1. Facundo Agustín Ciarlo, alias el Sapo, nacido en 9 de Julio y residente temporario en Puerto Madryn donde fue condenado por estafas, lo que en su momento se supo, y por lo que supo ahora con escandalete, también en la Ciudad de Buenos Aires. En Chubut a tres años de prisión. Aquí, a 8 meses. Las dos sentencias en 2016.

El Sapo es un busca que ama los tatuajes como Sampaoli y un figureti que ama robar fotos a famosos para presumir de amistad con ellos. Decía que vendía autos pero sobre todo estafaba con tarjetas de créditos robadas o clonadas. Vendía celulares truchos y compraba pasajes aéreos y paquetes turísticos que revendía después. Entre los estafados, los rockeros de La Renga. Millones de las primeras estafas: 10.

Un campeón: coimeó a los policías de la seccional donde estaba preso para que dejaran entrar a sus amigas al calabozo. Los policías fueron sancionados. Estaba en libertad condicional y tenía prohibido salir del país. Pero se fue a Rusia lo más campante a ver la Selección. Es de los que cantaba en la cancha que baje el dólar, la puta que te parió.

Por supuesto, se fotografió allí retratando su nueva avivada, legal. Legal porque viajó al Mundial con permiso de una jueza de Ejecución, Vilma Bisceglia, que entendió que correspondía autorizarlo. La historia es toda una metáfora de la justicia argentina.

Las dos condenas al Sapo (la de Puerto Madryn y la de acá) fueron unificadas en Buenos Aires pero nadie le avisó a la justicia de Madryn. Entre otras cosas porque no hay obligación de avisar.

Sin saberlo o aparentemente sin saberlo, una fiscal de Chubut, Vottero Alberti, vio las fotos del Sapo en Rusia y corrió al juzgado de Madryn para pedir que lo detuvieran. A cargo del juzgado estaba una jueza subrogante, Marcela Pérez. Hecho el pedido, Interpol y todo lo demás mediante, el Sapo fue atrapado.

Pero sólo por un par de días: la jueza subrogada, otra Marcela Pérez pero además de Pérez, Bogado, anuló la orden de su jueza subrogante. Y Sapo afuera, considerando que la Pérez a secas había ignorado que el juzgado de Madryn ya no podía intervenir en el caso.

Pérez Bogado acusó a la fiscal de inducir a la jueza Pérez a un error. Y el jefe de los fiscales, Daniel Báez, estalló en llamas creyendo que la fiscal de Madryn había actuado bien. Error. Pero error de un sistema que funciona igual a un teléfono descompuesto donde es posible que te quiten el registro en la Capital y te den enseguida otro en el GBA. Ahí nomás.

Caso 2. Hace 15 años que en San Luis de los Rodríguez Saá se investiga una maniobra nada sofisticada con los jueces: nombramientos a cambio de renuncias firmadas con fecha en blanco. No es sólo un caso, sino una decena. Ni el kirchnerismo lo hubiera hecho mejor.

Uno de los autores del cambalache, Sergio Freixes, era entonces ministro de Legalidad. Mejor le cabría el cargo de ministro de Ilegalidad. Carcajada monumental de burla a la ley. Juez que no falla a pedido, juez despedido. Perdón, renunciado y con firma.

A pedido de Freixes y por oportuno cambio de abogado, se acaba de aplazar la audiencia para definir el inicio del juicio oral. El aplazamiento es sin fecha. Qué le hace un nuevo aplazamiento a una demora de 15 años.

Fuente: Clarin



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