04.12.2018
Por Victoria Morales Gorleri

Diversidad: una oportunidad para enriquecernos

Hace unos días vivimos una esperanzadora experiencia de unidad.


En una colaboración sin precedentes en la industria televisiva, todos los canales infantiles de Latinoamérica se sumaron a la iniciativa para emitir en simultáneo un corto animado que habla de la inclusión. Producido por Juan José Campanella y Mundo Loco, Ian, una historia que nos movilizará realmente moviliza, llega a lo más íntimo desde una realidad con la que todos podemos identificarnos: la necesidad de ser aceptados y amados más allá de nuestras diferencias, de nuestras dificultades.

Logra conmover de principio a fin sin apelar a las palabras. No las necesita, porque comunica a través de un lenguaje universal, el de las emociones.

El corto es una metáfora maravillosa contra la discriminación y el bullying. Ian, un niño de 9 años con una discapacidad se "desintegra" literalmente cada vez que siente el rechazo de sus pares.

Tampoco en la discriminación hacen falta las palabras. Basta una mirada, una risa burlona, un gesto despectivo o que nos hagan a un lado por ser diferentes para que el dolor nos parta en mil pedazos hasta "desintegrarnos".

Tiempo atrás vino a visitarnos Sheila, la mamá de Ian, para invitarnos a apoyar su iniciativa en favor de la inclusión. ¿Hay algo más doloroso que ver sufrir a un hijo? Nos contó su historia y su trabajo sin pausa para construir entre todos una sociedad más inclusiva. No lo dudamos ni un minuto, porque vimos en el corto de Ian una herramienta poderosísima de concientización, que va mucho más allá de la discapacidad, nos habla y nos muestra lo humano en su totalidad.

Como funcionaria y desde mi lugar de directora de Responsabilidad Social, me propongo cada día trabajar por la inserción social plena sin distinción de raza, género, edad, estrato social, lugar de origen, capacidad económica o laboral. La falta de oportunidades, la desigualdad y la indiferencia por lo diferente es una realidad que abarca todos los ámbitos y nos interpela.

Por eso, el Día Internacional de las Personas con Discapacidad es una gran oportunidad para pensarnos juntos como sociedad con un enfoque multidisciplinario que responda positivamente a la diversidad de las personas y a las diferencias individuales, entendiendo que la diversidad no es un problema, sino una oportunidad para enriquecernos.

El principal pilar de la inclusión es el reconocimiento de que todas las personas tienen habilidades y potencialidades propias, distintas a las de los demás, por lo que las diferentes necesidades exigen respuestas diversas. La inclusión busca que se fomente y garantice que toda persona sea "parte de" y que no permanezca "separado de". Es una cuestión de derecho y no un privilegio otorgado por alguien desde un lugar de poder. Conseguir este cambio requiere enriquecer la visión de la sociedad que queremos.

Empecemos por intentar ponernos en el lugar del otro que sufre: ¿Qué siente una persona con discapacidad? ¿Qué siente alguien que sufre discriminación, violencia o bullying? Lo sabemos: detrás de toda actitud de discriminación se esconde el miedo a lo desconocido, la incapacidad de ponerse en los zapatos del otro.

De esto habla el corto de Ian. Son solo 8 minutos vibrantes, que tocan el corazón y expanden nuestra sensibilidad, al mostrarnos que la "desintegración" que sufre este niño ante la burla de sus pares se resuelve cuando estos pueden conectar con lo esencial de Ian, a través de su mirada, de su ser niño, de su ser humano.

Hace falta que todos atraviesen un proceso de desintegración para empezar de nuevo, para entender y abrazar lo diferente. Entonces, los muros y las barreras que nos separan desaparecen.

Necesitamos entendernos desde el amor. Cuando uno está dispuesto a escuchar al otro, a mirar al otro tal cual es, nos integramos. Y ahí es cuando todos ganamos y todos crecemos.

Fuente: Infobae



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