07.07.2019
Por Silvia Mercado

Marcos Peña y la incógnita que desvela al círculo rojo

La gran incógnita que desvela a los afiebrados miembros del círculo rojo es si Macri volverá a defraudarlos una vez que haya logrado la reelección.


Es la pregunta que rondaba en el mundo empresario una vez concluida la presentación que el Presidente hizo de su candidato a vice frente a su Gabinete ampliado, en el CCK.

Aunque las encuestas no arrojan tan rotundamente esa certeza, son pocos los que dudan entre ese grupo de que Macri ganará. Saben que la estabilidad cambiaria está generando un piso de certidumbre que se puede romper, aunque hoy parece difícil.

Por si las moscas, mantienen un buen vínculo con Alberto Fernández, principal candidato de la oposición y con quien tienen excelente diálogo. La duda pasa por otro lado. Temen que, de nuevo, Macri aproveche el triunfo para persistir en el error de una gestión cerrada, poco empática o, como suelen decir en privado, sectaria.

El jueves, después del encuentro de Gabinete ampliado que congregó a mil funcionarios nacionales, provinciales y porteños, Marcos Peña volvió a hablar con la prensa después de tres meses, buscando posicionar los lineamientos de la nueva estrategia de campaña de Juntos por el Cambio, que arranca por el inédito intento de ganar en las PASO.

En efecto, no es lo que hizo Cambiemos en el 2015 ni en el 2017, aceptando una derrota que no superara los 7 puntos en la gran encuesta nacional que son las primarias, para descontar la diferencia en la primera vuelta y ganar en la segunda.

Pero la rápida recuperación de la imagen presidencial, la poca diferencia que en las encuestas oficiales tiene Macri en relación a Fernández, junto a la necesidad de evitar la incertidumbre en los mercados, hizo que estratega electoral del Gobierno apostara a un triunfo ahora, el 11 de agosto.

En ese contexto, cuando Peña fue consultado por Infobae acerca de si la designación de Miguel Angel Pichetto suponía algún tipo de autocrítica del Gobierno e incluso una autocrítica personal, ya que en general su construcción política es juzgada como sectaria, aseguró estar muy orgulloso de cómo habían evolucionado políticamente desde el 2003, cuando arrancaron siendo muy poquitos, y paulatinamente fueron sumando cada vez más personas, sin preguntarles de dónde venían políticamente, sino hacia dónde van.

Efectivamente, nadie daba nada por quienes en un comienzo se nuclearon alrededor de Compromiso por el Cambio y hoy están peleando la reelección de Macri. No es poco. Sin embargo, Peña se constituyó ante los ojos del mundo de la política y los negocios en el verdugo que expulsó a las figuras más rutilantes del Gobierno para hacer una gestión mediocre e intervenida desde la Jefatura de Gabinete, de la que se salvan solo unos pocos ministros y ministerios, entre los que seguramente habría que destacar Interior, Seguridad y Transporte.

También el modelo de construcción política es motivo de angustias permanentes en el PRO de todo el país. En la mayoría de los distritos hay quejas que se repiten, en el sentido de que cuando un dirigente se destaca, viene la guadaña. Explican casos detallados de episodios que sucedieron en La Rioja, Santiago del Estero, Córdoba, Tierra del Fuego, Formosa, Santa Fe.

El mecanismo vendría a ser siempre el mismo, desde 2003. Evitar que un dirigente se adueñe del territorio, y reclame su participación en el reparto del poder. Cuando alguien se confió que determinado espacio es propio, "baja" un dirigente desde CABA que impone un criterio extraterritorial que desarma la construcción local y, después, lo de siempre: viene otra construcción local.

Esta lógica es la que estaría detrás de la todavía inexplicable retirada de Emilio Monzó, que deja a fin de año la presidencia de la Cámara de Diputados para encarar un destino incierto, seguramente fuera del Gobierno y de la política por lo menos durante los próximos dos años, para volver pensando en algún armado que tenga el foco en el 2023.

Su principal delfín, Nicolás Massot, presidente del bloque PRO, confirmó a sus amigos que el 3 de agosto viajará a cumplir con una beca de cuatro meses para que la aplicó en la Yale University, dentro del programa Maurice Greenberg World Fellow, en la que fueron seleccionados apenas 16 jóvenes políticos de distintas partes del mundo.

El pecado de Monzó habría sido no aceptar mansamente la intervención sobre los territorios que ayudó a construir para el PRO, esa técnica que le permitió a Macri mantener su estructura partidaria perfectamente alineada y sin traumas.

Por eso, de nuevo. ¿Un Presidente reelegido cambiará de método? ¿Aceptará los consejos de Pichetto como dice ahora a quien quiera escucharlo, que seguramente pragmáticos a la hora de llegar a acuerdos que permitan las reformas pendientes? ¿Descentralizará el sistema de decisiones? ¿Preferirá idóneos  antes que domesticados? Y, finalmente, ¿seguirá siendo Peña el Jefe de Gabinete?

Nadie lo sabe, ni tampoco se lo preguntan. Peña demuestra, otra vez, talento sin par a la hora de impulsar una nueva estrategia de campaña, más corta y efectiva, y hasta con sello nuevo, después de años en que se enorgulleció de "Cambiemos". 

Mientras tanto, aún en las principales oficinas del Gobierno se preguntan si todo seguirá como hasta ahora o si el Jefe de Gabinete iniciará un nuevo destino, quizás como canciller.  "Como en la película Match Point, de Woody Allen, la pelota está en la red y puede caer en cualquier lado", dijo expectante el viernes a Infobae un funcionario.

Fuente: Infobae



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