29.03.2020
Por Mónica Gutierrez

Tremendos días por venir

Se extraña la piel del otro, el beso, el mimo, el abrazo compartido. Mantener la distancia física abruma y desconcierta, pero la proximidad deviene riesgo


Se extraña la piel del otro, el beso, el mimo, el abrazo compartido. Mantener la distancia física abruma y desconcierta, pero la proximidad deviene riesgo y amenaza. Son sensaciones y sentimientos contrapuestos con los que hemos empezado a diario a batallar.

La cuarentena se va haciendo día a día más estricta e impone sus rutinas. Sobrevivir en el aislamiento nos obliga a nuevos pactos, a nuevas disciplinas. Atrapados en protocolos de supervivencia vamos entrando en una lógica definitivamente bélica. No queda otra que aceptarlo.

Las próximas semanas pondrán a prueba nuestras fortalezas y debilidades. No hay espacio para distracciones. No hay margen para la transgresión ni el error. A los negadores y egoístas se los terminará llevando puestos el tsunami.

Alberto Fernández está al comando de las operaciones. En la mesa de arena presidencial se juega la vida de todos y cada uno de nosotros. De su templanza y concentración depende el curso de esta tragedia. De la vocación de servicio de nuestra dirigencia, el destino final.

Los intendentes del conurbano cavan trincheras. Apostados en la primera línea de fuego saben que nada será suficiente en los días que se vienen. La misión de sostener y contener a la gente durante el inminente paso de la pandemia por sus populosos territorios se vive como un desafío sin precedentes.

La conciencia de la gravedad obligó a propios y extraños a posponer, tal vez para siempre, el rigor de la grieta. Las fotos en dulce montón de “los nosotros y los ellos” lejos están de ser puro marketing. Son imágenes que se agradecen, que aplacan y tranquilizan. También dan cuenta de un trabajo en común, codo a codo y contrarreloj.

Federico Achával, intendente de Pilar, prevé tener listo para este fin de semana tres centros de atención vehicular para diagnóstico y derivación específicos. Uno de ellos estará montado en la estructura abandonada del estacionamiento de transferencia que se pretendía construir para la estación de tren de la línea Belgrano que nunca logró concretarse.

El tremendo “elefante blanco” emplazado a metros de la Autopista, un ícono de la corrupción y la desidia público-privada, fue cedido por la Justicia para y la AABE -Agencia de Administración de los bienes del Estado- para ser destinado a menesteres que hoy apremian.

En Pilar viven cerca de 400.000 almas. Mucho country y espacio verde pero el cincuenta por ciento chapalea bajo la línea de pobreza. Todos van a necesitar ser asistidos en la emergencia.

A lo largo de los treinta kilómetros de Panamericana que atraviesa el partido de Pilar hay 36 bajadas. Desde este fin de semana se cierran 13 de esos accesos.

El que quiera salir a pasear en auto la va a tener difícil.

Una de las tareas más urgentes es montar centros de aislamiento para alojar los casos bajo sospecha de aquellos que no puedan sostenerse separados y contenidos en el ámbito domiciliario. Una inmensa mayoría.

Las condiciones de hacinamiento y precariedad habitacional en la que viven cientos de miles de personas en el conurbano profundo convierten este tema en una suerte de bomba de tiempo.

Viejas clínicas y edificios abandonados, clubes, Iglesias y hoteles familiares están cediendo sus espacios para alojar a los que tengan que dejar sus hogares. Estremece pensar en estos escenarios pero hay que estar preparados.

Otro asunto son los hospitales de campaña. Con un nivel de atención intermedio, servirán para destinar a los casos confirmados que no requieran cuidados intensivos. Hay que mantener liberados los centros de alta complejidad. De hecho, ya se está mandando a casa a aquellos que puedan cursar posoperatorios y otras patologías en la propio hogar.

Terapias intermedias, intensivas y respiradores serán recursos tan escasos como preciosos.

Mientras cuenta las camas que va sumando, Néstor Grindetti da cuenta de otra preocupación: los recursos humanos. Para el intendente de Lanús la cuestión más seria será disponer de médicos, paramédicos y enfermeros en cantidad suficiente. Muchos más allá de la entrega y dedicación que el sector viene demostrando está en los cálculos el agotamiento y el contagio. Mucha gente, irá quedando en el camino. Hay que ampliar la planta de los disponibles, sostiene Grindetti.

El municipio de Lanús abre la convocatoria a médicos de todas las especialidades. Se imponer ganar tiempo para entrenar a los que habiendo pasado por la facultad de medicina tendrán que afrontar tareas para las que no están debidamente preparados.

La rápida titularización de médicos venezolanos y cubanos está en la mesa de trabajo de muchos intendentes. Un tema que se debate y sobre el que todavía no hay consenso.

También hará falta mucha gente para las tareas de logística. Atención de los enfermos, preparación de los alimentos y limpieza demandarán sumar voluntades. Muchos serán conminados a dejar la estricta cuarentena mal que les pese.

Un fenómeno nuevo que registra el alcalde de Lanús es el pedido de ayuda alimentaria por parte de personas y familias que nunca estuvieron incluidos en plan de asistencia alguna ni requirieron ayuda del estado.

Se trata de cuentapropistas, emprendedores, laburantes que se ganan el mango día a día desde siempre y que hoy no encuentran cómo seguir. Son pedidos de auxilio individuales, puntuales y un tanto desesperados de gente que enfrenta con extremo pudor la demanda de asistencia. Se espera implementar para ellos un esquema de viandas a domicilio.

Estos casos empezaron a crecer en los últimos días en varios municipios. Por el momento es una suerte de goteo pero con el correr de los días el número crecerá. Mientras bajan los $10.000 previstos por el Estado habrá que ayudarlos a resistir.

Para Lucas Ghi, intendente de Morón, todos los frentes están activos. Con una población de 350.000 personas, el 40% de las cuales vive en la pobreza, la cuestión alimentaria es prioridad. Pero en el entretanto ningún eje puede ser descuidado. Mientras se monitorea de manera estrictamente tutelada a los 3000 habitantes del distrito que llegaron del exterior, se trabaja en los barrios vulnerables para generar conciencia.

Hay que evitar que el virus entre en villas y asentamientos. Las redes de contención social trabajan a destajo y la gente de los sectores más bajos está acatando. Para ellos, mantenerse en cuarentena es absolutamente penoso. Hacinados en viviendas precarias con dificultad de acceso a casi todo, el aislamiento es casi algo imposible.

Hay una piadosa tolerancia para con aquellos que sin abandonar el barrio buscan distanciamiento en las pequeñas plazas y espacios comunes que esponjan la asfixiante densidad de las villas.

La consigna es no salir del barrio. No dejar ingresar el coronavirus. Que no alcance a los más débiles, a los más vulnerables.

Consultado acerca del rol de las organizaciones sociales, Ghi sostiene que se encuentran el “guardia pasiva” telefónica. Se cuenta con los referentes para contener y asistir a los que esta situación encontró desamparados.

Para el intendente de San Martín, los comedores comunitarios funcionan como “nodo social”. La gente busca en las ollas, mesas y merenderos mucho más que alimento, también necesitan contención y resguardo. Sentir que no están solos.

Fernando Moreira suma a las tareas un fuerte dispositivo de control de precios. Suma 30 jóvenes inspectores a la planta de los trabajadores esenciales. Hay muchos que todavía no parecen estar comprendiendo.

La violencia de género también está en la agenda de Moreira. Se mantienen los dispositivos de rescate de las mujeres en riesgo. Se teme que el aislamiento y la dificultad económica aceleren los brotes de violencia machista intrafamiliar. Del abuso sexual de menores mejor ni pensar.

Su vecino lindero Jorge Macri celebra las tareas de entendimiento y coordinación con el Presidente de la Nación y el Gobernador de la Provincia. Ni un sí ni un no. Todos alineados para estar a la altura de las circunstancias.

La Región Metropolitana Norte concentra una gran número de casos. Con 17 positivos confirmados, seis personas internadas y cuatro de alta solo en Vicente López nadie está en condiciones de bajar la guardia. El virus ha entrado por los sectores medios y medios altos pero no repara en clase ni cuestión social.

Mientras se ordena el seguimiento personalizado de los 3800 vecinos del distrito que llegaron del exterior en los últimos días, Macri organiza el salvataje de los que hasta ahora se las arreglaban para vivir sin ayuda alguna del Estado y ahora claman por algún recurso que les permita mantenerse a flote.

Se calcula que el 10% de la población de Vicente López ha entrado en esa nueva e incierta condición de vulnerabilidad. Por lo menos 10.000 hogares se encuentran en esa situación. No disponen de un ingreso regular, y no pudiendo salir a ejercer sus tareas y oficios están quedando a la buena de Dios. No estaban en el radar del asistencialismo y ahora hay que salir a buscarlos.

Las instituciones sociales más activas, iglesias, clubes y ONG están rastreando de manera digital a los que han quedado fuera de las redes para asistirlos.

Julio Zamora, el jefe comunal de Tigre, concentra sus tareas en la asistencia alimentaria, la readecuación del sistema de salud y la generación de conciencia pero comparte una preocupación que desvela a todos los jefes comunales: la recaudación impositiva.

Zamora sabe que si no se recauda ya en mayo tendrá problemas para enfrentar el pago de sueldo. A mediano plazo ve venir complicaciones insalvables. Sobre 52 millones de pesos que debían entrar este viernes a la caja, en concepto del pago de tasas municipales, solo ingresaron 2 millones. Razones para perder el sueño no le faltan.

Los días por venir son inciertos. Nadie puede predecir el curso de los acontecimientos. Todos estamos llamados a quedarnos en casa, mantener la calma, concentrarnos en nuestro propio cuidado para cuidar a los otros.

Nadie va a pasarla bien en este contexto de restricciones, aislamiento y austeridad. Los más, serán conminados a permanecer en casa, sobrellevando el confinamiento. Otros tantos serán convocados a dejar el encierro para ejercer tareas más heroicas.

Pasa en todas las guerras.

Fuente: Infobae



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