27.03.2021
Por Carlos M. Reymundo Roberts

De no creer. ¡Auxilio! El Gobierno me quiere contratar

Bastó que el sábado pasado pidiera mesura y comprensión a la hora de juzgar al Gobierno para que ese día me llamara un estrecho colaborador de Alberto:


“Carlos, vivimos horas aciagas. Vamos de mal en peor y la imagen del Presidente no deja de caer. ¿Podemos contar con tu asesoramiento? Te garantizamos absoluta reserva y buena retribución”.

Como recordarán algunos, ya hice ese trabajo durante años para Cristina; una experiencia alucinante, porque si uno no la conoce puede pensar que es una mujer dura, fría, calculadora, arbitraria… y al conocerla descubrís que en realidad es mucho peor.

Rechacé el ofrecimiento de incorporarme al Gobierno, pero no pude con mi genio: me senté y en un rato les hice llegar –gratis y por única vez– un decálogo de consejos y sugerencias. Son estos:

1. Lo bueno del Presidente es que ya todos sabemos cuánto puede dar, o, mejor dicho, lo que no puede dar. Es como esos alumnos que no pasan del aplazo; cuando se sacan un 4, es una fiesta. ¡Trabajen por el 4 de Alberto! Metas módicas: por ejemplo, no hay que pedirle que diga genialidades, sino sencillamente que no hable.

2. Ahora acaba de asumir la jefatura del PJ. Es presidente del país pero sin mando, y jefe de un partido que solo existe en los papeles. Serio problema. Deberían reperfilarlo con un cargo quizá menos pomposo, pero real, creíble, verosímil. ¿Intendente de la quinta de Olivos? ¿Director de la Asociación de Amigos de los Perros Collie? ¿Presidente del Consorcio de Tuiteros Trasnochadores?

3. Es prioritario reencauzar el vínculo con Cristina, cada vez más anómalo. La locutora oficial hizo un extraordinario aporte el miércoles al presentarla en un acto como “la presidenta de la Nación”; ahora hay que pedirle que a él lo presente como “Alberto”. Blanquear esta situación puede contribuir a que no se diga más que él pierde poder. No se puede perder lo que no se tiene. Trabajaría en la instalación de una imagen de él como alguien leal a su jefa, dócil y obediente hasta el sacrificio; una suerte de “empleado del mes” del Grupo Kirchner.

4. Lo de la cadena nacional para admitir que nos quedamos sin vacunas es un error que no debería repetirse. ¿No aprendieron a lo largo de 8 años que las cadenas son espacio reservado exclusivamente al relato? Yo le hubiese recomendado decir: “El boom del consumo ha alcanzado a la Sputnik. Les pedimos a los mayores de 80 años, que ya han vivido lo suficiente, que dejen algo para el personal esencial y para los más jóvenes”.

5. Me pareció un espanto haber diferido la segunda dosis, sobre todo de cara a la inminente llegada de la nueva ola del virus. Pero, claro, con una sola dosis da la impresión de que se está vacunando a más gente, dato relevante en un año en el que tenemos que votar. El nuevo lema de Alberto podría ser: “Entre la salud y la economía elegimos ganar las elecciones”.

6. Todos los gobiernos cuentan con una suerte de “escuderos”: tipos que acaparan las críticas para dejar a salvo al presidente. La condición de los escuderos es ser provocativos, audaces, peleadores, y tener importantes niveles de asimilación al ridículo. Pocos tan capacitados en ese menester como Boudou, Aníbal Fernández, Guillermo Moreno o el Coqui Capitanich. ¿Quiénes son los escuderos de Alberto? Me temo que el propio Alberto. Podría ser Santiaguito Cafierito, pero también para eso es muy tierno. Se fue Ginés, que lo hacía maravillosamente bien. Mi candidato, candidatazo, es Martín Soria, el nuevo ministro de Justicia. Solo hay que ponerle un micrófono.

7. Algunas cosas se han hecho bien y hay que insistir en esa línea. De tanto repetir que Macri fue “el peor endeudador de la historia”, muchos están convencidos de que efectivamente es así. Con los números en la mano, Alfonso Prat-Gay dice que del total de la deuda emitida hasta hoy, solo el 16,6% corresponde al gobierno de Cambiemos. Muchachos, ustedes sigan para adelante, no se me achiquen: parafraseando al gran Chiche Gelblung, que la verdad no les impida conseguir un buen título.

8. Otras cosas las hacen muy mal. El mismo día en que Martín Guzmán negociaba con el Fondo Monetario Internacional en Washington, Cristina llamaba públicamente a no pagarle al Fondo. Falla grotesca y fácil de subsanar: a Washington no tendría que haber ido Guzmán, sino Parrilli.

9. Abandonar el Grupo de Lima, considerado un instrumento de Estados Unidos contra el régimen de Maduro, no está mal, porque lo que ustedes quieren es ser instrumento de Maduro en contra de Estados Unidos. Pero inmediatamente deberían haber creado otro foro, sumando a países de reconocidas credenciales democráticas: el Grupo de Caracas, con Cuba, Nicaragua, Bolivia y Corea del Norte.

10. ¿Qué piensan hacer para contrarrestar el impacto mediático y el fenómeno de ventas que está logrando Macri con Primer tiempo? Les tiro una idea: que Alberto saque su propio libro, contando en primera persona y con un estilo muy personal, intimista, la increíble parábola del humilde profesor que llegó a sentarse en el sillón de Rivadavia.

Por la respuesta que obtuve del entorno del Presidente, lo que más les gustó, o lo único, fue esto, lo del libro. Parece que Cristina ya se puso a escribir.

Fuente: La Nacion



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