27.03.2021
Por Mónica Gutierrez

Asumió Cristina

La irrupción mediática de Cristina Fernández de Kirchner sumó ruido en el Gobierno y deshilachó aún más la ya mellada autoridad de Alberto Fernández.


“Asumió Cristina”. El blooper, lapsus o dejá vù de la locutora oficial del acto en Las Flores en el que Cristina Kirchner conmemoró el “Día de la Memoria” dio pie a todo tipo de interpretaciones. También expuso una realidad insoslayable: quién ejerce el poder.

La presentadora despidió exultante a Cristina Fernández: “Muchas gracias, señora Presidenta de la Nación”, dijo sin vacilar y siguió adelante. Nadie advirtió ni corrigió el equívoco.

La semana corrió feroz. La irrupción mediática de Cristina Fernández de Kirchner sumó ruido y deshilachó aún más la ya mellada autoridad presidencial.

La andanada cristinista del 24, en la que la Vicepresidente emergió histriónica y autorreferencial, repartió reprimendas a propios y extraños y reforzó la idea de que el centro del poder no reside precisamente en Olivos ni en la Rosada.

“No podemos pagar la deuda, no tenemos plata”, descerrajó CFK dispuesta a advertir a su Presidente de que no quiere un acuerdo con el Fondo antes de las elecciones.

Una bomba de fragmentación detonada en el mismísimo momento en que Guzmán estaba reunido con los representantes del FMI y Alberto Fernández le aseguraba al David Malpss, director del Banco Mundial, su decisión de pagar las deudas y cumplir los compromisos.

La presencia en La Flores de Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Berni, quien viene de protagonizar un brutal enfrentamiento con la ministra de Seguridad Sabrina Frederick, quién aún goza del respaldo de Alberto Fernández, también ofreció señales que diluyen y devalúan la figura presidencial. En este tiempo en el que se hace política con selfies y desde las redes nada es porque sí.

“Estamos acostumbrados al ruido interno, es el modo en que se desarrolla nuestro espacio”, sostuvo un funcionario muy próximo al Presidente. Consultado acerca de las constantes golpizas y desmerecimientos que a diario le propinan al Presidente referentes del oficialismo, admite que las tensiones internas están, existen, son constantes, pero que a Alberto Fernández le sobra paño para administrarlas.

“Parece que se despertó de la siesta”, dijo el jefe de Gabinete en obvia referencia a Mauricio Macri. El ministro coordinador salió a cruzar al líder del PRO, quien irrumpió en la agenda mediática tras la presentación de su libro Primer tiempo. Ya le venía pegando duro por anticipado. Lo hizo cuando en una entrevista televisiva mandó a los interesados a bajar el flamante volumen desde el “rincón del vago”.

“Yo siempre voy a estar del lado de Estela de Carlotto”, aseveró contundente este jueves. La emblemática abuela dijo esta semana que “está demostrado que Macri es un delincuente y que tiene que estar preso lo antes posible”.

“Santiago Cafiero es la voz de Alberto Fernández.... es su alter ego”. Todo lo que Santiago hace y dice está absolutamente consensuado con el Jefe de Estado. No es solo el Ministro Coordinador, es su persona de mayor confianza, es el que lo expresa.

Cafiero da forma y articula todas las ideas del Jefe de Estado. “Santiago es el ministro más político”, asegura uno de los más estrechos colaboradores del Presidente de la Nación.

Fácil es concluir entonces que escuchar las recargadas declaraciones del Jefe de Gabinete para saber “de qué lado de la mecha” está el Presidente. De moderación, ni hablar.

El funcionario consultado, una fuente inobjetable, con acceso a la intimidad de Olivos, asegura también que todo lo que dice y declara el irrefrenable recién designado Ministro de Justicia Martín Soria expresa de punta a punta, todas y cada una de las ideas de Alberto Fernández en relación a la Justicia.

Martín Soria no es K de paladar negro. No está en su ADN el kirchnerismo, pero el curso de los acontecimientos lo llevó a cristinizarse, a visibilizarse jugando al límite, a radicalizar sus convicciones en torno a satisfacer las urgencias judiciales de quien comanda el más vigoroso espacio de la coalición oficialista. Siempre es tentador asegurarse un lugarcito bajo el sol.

Martín Soria todavía no asumió, lo hará recién el lunes 29, pero ya dejó claro para dónde quiere ir Alberto ahora en materia de justicia. “Cristina quiere que la misma Justicia que la está juzgando, la libere de culpa y cargo”. Nada de indultos ni amnistías.

La arremetida mediática de Soria está en línea con la idea de convertir en un tipo penal el denominado lawfare en orden a revisar condenas judiciales de los autoproclamados “presos políticos”y castigar a los funcionarios que las dictaron. Una idea tan extravagante como temeraria.

La iniciativa impulsada entre otros por Oscar Parrilli, Fernánda Vallejos y la titular de la AFI Cristina Camaño define al lawfare como una continuación del Plan Cóndor por otros métodos. Una modalidad de “golpe blando” contra los gobiernos populares de la región.

“Con Marcela no se alcanzaron los objetivos, no se llegó a aprobar la agenda judicial, no pudo imponerse ninguno de los cambios que se reclaman para la Justicia y no se consiguieron fallos de la Corte favorables al Gobierno”, asegura el interlocutor que pide atenerse sólo a las declaraciones “en on” de los ministros alineados en este momento con la gestión política del Presidente.

Dentro de ese lote de confiabilidad comunicacional que incluye al omnipresente ministro del Interior Eduardo “Wado” de Pedro, no revista ninguno de los vapuleados “funcionarios que no funcionan”. Es más, algunos y algunas están especialmente separados de esta nómina.

“No estamos apurados por un acuerdo con el FMI”, asegura tras sostener que el ministro de Economía está abocado a la macro y que Alberto Fernández es la cara política de Martín Guzmán.

El interlocutor desmiente de manera rotunda un reciente viaje de Guzmán al Calafate en el que se habría reunido largo con CFK, un encuentro que sí dan por efectivamente concretado fuentes del ministerio de Economía.

A esta altura de los acontecimientos muchos se preguntan cuánto tiempo más resiste esta situación de bipolaridad y contradicción en la definición de un rumbo.

“El peronismo es un partido al que lo disciplina el poder”. " Los peronistas se alinean detrás de quien detenta el poder”, se escuchó decir en estos días a uno de los hombres que mejor conoce la trastienda de la política de los últimos cuarenta años.

“El peronismo busca siempre un autor y hoy ese autor es Cristina Fernández de Kichner”.

Hoy el kirchnerismo es la representación mayoritaria y excluyente del peronismo y los K se están apropiando de todos los resortes del poder sostiene nuestro interlocutor.

“Alberto fernández no ha logrado construir mandato, parece atrapado en un bloqueo emocional que lo lleva a sobreactuar lealtad cristinista mientras el Patria le come el monedero todos los días”, asegura nuestro interlocutor, un insoslayable actor de la política del 83 hasta aquí, alguien que conoció e interactuó con todos y cada uno de los Presidentes de la democracia.

“Alberto Fernández es el menos presidente de todos los que ví hasta aquí”, sostiene sin vacilar.

El problema de la Argentina es político. El mundo está ofreciendo muchas oportunidades pero las estamos perdiendo. La grieta dificulta la construcción de una alternativa contracultural.

Ni Macri ni CFK están con la agenda de la gente. Ambos están atrapados en la urgencia por defenderse.

La política ha perdido grandes utopías. Solo sobrevive la utopías del narcisismo.

Atenazado por la urgencia de los extremos que fogonea la grieta, con dificultades serias para retener a quienes lo votaron esperando lograra equilibrar los tantos al interior del PJ y lograr acuerdos de unidad en la diferencia, Alberto Fernández se refugia en el núcleo duro de los votantes K. Un sector que es refractario a quienes contradicen en lo más mínimo la letra de su catecismo. Cuanto puede durar el pretendido amor cuando ya no te necesitan.

“Si nos hemos convertido en otra cosa, en una carga, lo lamento. La verdad es que no queríamos ser una carga para nadie. Una carga es algo que hace que a uno lo tiren del barco y lo más fácil es bajarse del barco si esa carga pesa mucho. Terminemos con esas ideas que ayudan tampoco a la unidad en un momento en el que la unidad tanto nos importa. No queremos ser lastre de nadie, si somos un lastre que tomen otro barco”.

Las palabras de cierre en el en el cual Alberto Fernández le contesta al Presidente Uruguayo Lacalle Pou parecen arrojar pistas mucho más allá de la lamentable sesión del Mercosur. Un psicólogo ahí.

En el tiempo de las “teorías conspirativas” hay quienes imaginan a gente hurgando en los vericuetos legales que habilitan una posible sucesión. Se habla de reuniones e intrigas palaciegas. ¿Verdad o consecuencia?

En los días de mitad de marzo del año 44 AC. Julio César se sentía especial y mágicamente protegido. Sabía que estaba jaqueado por las conspiraciones y temía ser asesinado. El poder en la Antigua Roma siempre terminaba con emboscada y sangre.

Un vidente había advertido de los peligros que lo acechaban, pero César se aferró a los augurios de buenas nuevas con que la fecha ritual solía reconfortar a los romanos. Tal vez por eso al cruzarse con su augur camino al Senado lo saludo desafiante: “Los idus de marzo ya han llegado”. El nigromante respondió tan asertivo como agorero: “Sí, pero aún no han terminado”.

El asesinato de Julio César, en aquel fatídico marzo del 44 AC, marco un punto de inflexión en la historia y desde entonces los idus dejaron de ser jornadas de buenos augurios asociados con las bondades de la primera luna para evocar el abandono y la traición.

Fuente: Infobae



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