04.04.2021
Por Ricardo Kirschbaum

La pandemia de la pobreza exige ya una vacuna

Se trata de la más potente y obscena evidencia de la crisis argentina. La dinámica política no la reconoce. El papel de Martín Soria y el juego de Guzmán.


La Corte recibirá al ministro de Justicia Martín Soria en su debut en las grandes ligas. Este acto viene precedido por un cuestionamiento a los miembros del Tribunal en las primeras declaraciones del flamante funcionario.

No solo será una reunión protocolar sino que constituye una prueba de su destreza, si la tiene, para manejar su vocabulario en cuestiones más delicadas que la oratoria pirotécnica que lo llevó hasta allí. Será el primer encuentro con los jueces supremos a los que les endilga la responsabilidad de la opacidad del servicio de Justicia.

Habrá que ver si lo que dice afuera lo sostiene adentro y si así fuera, qué hará la Corte si es acusada cara a cara. Soria se debe al pensamiento vivo de Cristina Kirchner y al nuevo de Alberto Fernández, quien se desprendió de Marcela Losardo diciendo que la ex ministra había hecho exactamente lo que él le había pedido que hiciera. No explicó, entonces, por qué Losardo se hartó y se fue a París.

Soria llegará a esa reunión con la certeza que acaba de certificar en su primer sondeo como ministro: tanto la reforma judicial como la remoción del procurador, el verdadero objetivo de la vicepresidenta, seguirán empantanados en la Cámara de Diputados. No tienen los votos suficientes para la sanción y los cambios a los proyectos que se han sugerido para mejorar esa chance no son aceptados por el oficialismo.

Hay otro dato: la relación de fuerzas en el Congreso no se modificaría sustancialmente luego de las legislativas de noviembre (las PASO serían el 12 de septiembre) con lo cual o se modifican los proyectos o se archivan.

Si la misión de Soria es ardua, el que tiene que subir la ladera más empinada es Martín Guzmán. Primero, el cimbronazo de la inflación en marzo, que será alta; segundo, la poca aceptación de su prédica de que este flagelo es multicausal y no consecuencia solamente de la perversión empresaria, como piensa Paula Español, la secretaria de Comercio, quien se mueve con notable autonomía respecto de su jefe formal; tercero, Guzmán trata de convencer a Cristina y al ala más dura del oficialismo que un acuerdo con el FMI es más beneficioso que el desacuerdo, no solo por el pago que debe hacerse este año. También lo necesita para postergar el desembolso comprometido por Cristina y Axel Kicillof al Club de París, y para los convenios de inversión con China.

Entre estos devaneos, la peste que no cesa y que amenaza con nuevas restricciones, hay otra pandemia en aumento.

La pandemia de la pobreza es la más potente y obscena evidencia de la crisis argentina. Una prueba irrefutable de políticas equivocadas, erráticas, ineficaces pese al relato épico que intenta justificarlas, como si esa vana exculpación pudiera siquiera mitigar este índice de vergüenza: la mitad de los niños de este país son pobres, y muy probablemente crecerán y morirán pobres.

Una realidad que la dinámica política no asume con toda su gravedad, que tiene muchos responsables y que no distingue fronteras partidarias ni facciones ideológicas ni postergaciones.

La magnitud del derrumbe social, en carne viva, es convertirlo en un paisaje natural y encontrar allí razones para explicarlo como una política para construir una sociedad más igualitaria. Pura impotencia.

Fuente: Clarin.com



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